Reinaldo Angulo Vivas: un médico reeducador de pacientes a hacientes
Conocí a Reinaldo Angulo Vivas a través de mi querida amiga Miriam Kassen. Ella y yo estábamos haciendo una actividad de meditación y entre las tareas que nos asignaron, una fue escribirle una carta a nuestro país, Venezuela. A ella le gustó tanto mi carta que se la envió a Reinaldo y a él le gustó tanto que me pidió permiso para ponerle música. Miriam y reinaldo son de Barinas y se conocieron en un autobús, yendo hacia allá. Las coincidencias siempre nos traen cosas maravillosas. Amplían nuestra mirada y nuestro corazón.
Reinaldo quería que convirtiera la carta en un texto que pudiera cantarse. Yo se la regalé para que hiciera esa canción que a él le surgió en el corazón. Eso fue en el 2020. Desde entonces, hemos hecho muchas cosas: él asistió a mis talleres de literatura y yo a su formación de Biomagnetismo médico. Conocí a su familia y él me ayudó a expandir mis talleres. Luego vino el libro de los Convitcitos.
En la medida que vamos conversando, coincidimos en muchos aspectos: Reinaldo es psicoterapeuta Gestalt y yo también. Ambos tenemos maestros comunes en esa ruta. Además, es un artista integral: escribe poesía, compone música, narra, es un investigador de la gastronomía nacional, es un cronista. Para mi es un orgullo tenerlo como amigo. También conoce de la Medicina Tradicional China, que yo practico desde hace más dos décadas y tenemos afición por la gastronomía nacional y por la lengua materna.
Uno de los trabajos que emprendimos juntos fue el construir un libro colectivo sobre la experiencia estudiantil de quienes egresaron de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, en la XII Promoción de Médicos Jacinto Convit 1982-2022, . El compiló los trabajos de sus compañeros y me confió la edición de los mismos y terminamos publicando este libro llamado Entre sueños y esperanzas: Crónicas Hipocráticas, en la Editorial Madriguera que lleva adelante Ennio Tucci, en el 2022.
Fui a Barquisimeto a presentar este hermoso trabajo, siempre guiada de sus mensajes de WhatsApp. Reinaldo y yo nos hemos visto como 6 veces, personalmente. En ese momento, 3 de diciembre de 2022, me puso en muy buenas manos y la Dra. Iraida Flores de Gómez, a quien se le debe el nombre de este libro, me dijo: ¡No te vas con Betty! ¡Tú te vienes conmigo! Y me fue a buscar en el terminal de Barquisimeto, me abrió las puertas de su casa y de su corazón. Me preparó la sopa de costilla mas divina que jamás he comido y preparamos mucho cocuy de penca con frutas para la fiesta del reencuentro de la XII Promoción Jacinto Convit, que hicieron en El Manzano en la casita de Betty Latiegue de Ledezma. Ya Iraida no está en este plano pero siempre estará presente.
Volviendo al libro Entre sueños y esperanzas: Crónicas hipocráticas, los médicos que participaron en él, dejaron una impronta de sabiduría generada por la experiencia en el tránsito de la profesión. Todavía puede contarse con estos doctores viejos, de los cuales hay mucho que aprender y mucho que descubrir. Todos ellos son un ejemplo de vida y pulcritud en el ámbito de la medicina, pero más allá, en el ámbito de las experiencias y de la búsqueda del sentido.
Gracias a este encuentro, hoy dia puedo contar con la amistad de María Eugenia Velasco, Luis Orlando Andrade Andrade, reflejada en el epígrafe de este trabajo. En realidad todos estos médicos son parte de mi experiencia como editora, pero sobre como ser humano. A todos agradecida enormemente. En otra entrada del blog, escribiré sobre el libro...
Por acá dejo la primera parte de una conversación que sostuve con Reinaldo...
¿Puedes contarnos como fue la Barinas de tu primera infancia y adolescencia?
Crecí en un pueblo pequeño, era posible caminarlo de
una a otra punta en unas dos horas.
La protección de mis padres (mi
madre maestra y mi padre trabajador petrolero, con una pequeña finca) fue fundamental para curtir mi seguridad, mi
curiosidad artística, científica y mi hábito lector. La crianza estuvo
monitoreada de cerca por los abuelos paternos y maternos, tíos y otros
familiares cercanos, con los cuales mantenía contacto en Barinas, Mérida y
Caracas.
Fui de una timidez extrema hasta
el final de la primaria, cuando ingresé al Liceo con determinación de tomar el
camino de las ciencias y seguí la ruta musical marcada por un tío paterno y mi
padre; me deslumbró la magia del canto coral y desapareció esa introversión.
Finalicé la primaria a los 11
años y a los 16 no cumplidos estaba finalizando el bachillerato. Esta etapa
estuvo marcada por la música, el deporte (con menor intensidad) y la política,
de la que siempre he dicho De la política me curé temprano. Las
ideas izquierdistas me enamoraron, pero la activa participación de los 13 a los
15 años, me permitió conocerla de cerca y decidir que no tenía nada que ver con
ese camino.
En cuarto año del Liceo tuve una
pasión pasajera por la Química orgánica y se alejó temporalmente mi sueño de estudiar medicina,
pero esa pasión duró solamente ese año de estudio. Desde que estaba en primaria
recuerdo a mi mamá decir - Mi hijo
será médico. Nunca lo puse en duda,
aparte de ese corchete vivido con la química.
Mi adolescencia estuvo marcada por la vivencia natural en la finca familiar donde podía expresar el máximum de libertad y de relación con los elementos naturales: animales, plantas y ríos que ha sido guía en mi vida. El último año de bachillerato fue de preparación para salir a estudiar a la Universidad y de desarrollar la autonomía en mi vida.
¿Pudieras comparar esa infancia y esa adolescencia con la de los momentos actuales?
La niñez y adolescencia de este siglo está totalmente tecnologizada si no tienen un dispositivo electrónico, con pilas, recargable, la vida no tiene mucho sentido. Eso determina un alejamiento en el contacto con la naturaleza, tan nuestro. No observamos a los niños, menos a los adolescentes admirar el cielo, el atardecer, el amanecer, la noche no la conocen en toda su magnitud (aparte de los apagones frecuentes que vivimos).
Esa desconexión con la naturaleza que tenemos cerca no permite sensibilizarlos, menos integrarla al aprendizaje cotidiano. Toman conciencia de algunos elementos naturales cuando protagonizan una inundación, un temblor, un incendio, un deslave o la muerte grupal de alguna especie animal. Creo que esta es una perdida central en la forma de vivir actual.
¿Cuáles crees que son los momentos más importantes que influyeron en ti para que tomaras la decisión de ser médico?
1.
La decisión de mi mamá, sin yo tener conciencia
de lo que eso podía significar
2.
Las discusiones entre compañeros de Liceo. No me
gustaba que me señalaran de indeciso o desubicado, y contestaba
automáticamente, reforzando lo que ya estaba sembrado en mi mente: ¡estudiaré
medicina!
3.
La influencia de mi abuela materna con su manejo de las plantas y su participación
activa como asesora de salud en el
caserío donde vivía
4.
La afinidad por programas de televisión
asociados a la atención medica de urgencias, aunque no es mi fuerte, me
visualizaba con claridad en los ámbitos
médicos
5.
En plena carrera ya tenía decisión sobre la
negativa de realizar una especialización de las clásicas conocidas, allí
comenzó la idea clara del abordaje holístico del ser humano
6.
El
contacto precoz con la medicina natural
durante el desarrollo de mi carrera y mi decisión de adoptar el modo de vida
ovolacteo vegetariano
7.
El contacto con diferentes materias de
comprensión del cuerpo humano y el aprendizaje simultáneo de estrategias
naturales de desintoxicación y de auto responsabilidad en salud
8.
Mi tendencia natural a la docencia me llevó
desde el inicio de la carrera a participar en variadas experiencias educativas,
tendencia que me determina actualmente, no he estudiado nada que no piense
enseñarlo.
9.
Hoy con claridad soy un médico educador/reeducador
¿Cuáles crees que son
las diferencias más importantes en lo que fue la formación universitaria que
tuviste y la actual?
La disponibilidad de muchas maneras de comprender mejor el
cuerpo humano integral y el manejo oportuno de gran cantidad de información en
la actualidad, representa un avance que hace más efectivo el desarrollo de la
medicina. Aunque siento menos comprometidos a los médicos jóvenes, creo que la
medicina que aprendió mi generación y un poco más atrás, era más integral con
el paciente como protagonista, actualmente el protagonista del acto médico es
el profesional, no el paciente, que para mí es el haciente, es decir: un participante consciente de la
responsabilidad que tiene consigo mismo y con su salud. Considero que es la
única manera de realmente ocupar su lugar protagónico en el acto de recuperar
la salud.
Muchas investigaciones han profundizado en la importancia de la alimentación sana, del ejercicio físico y del manejo del estrés, entre otros elementos que definen nuestra estructura holística, al comprender el cuerpo de esta manera necesariamente no podemos quedarnos en el farmacocentrismo y la ruta actual se centra en esa fuerte controversia: mayor nivel de súper especialización versus mayor conciencia de nuestra dinámica multidimensional.
¿Qué le recomendarías
a la nueva generación de médicos?
1.
Que escojan especialidades integradoras, que fusionen
la práctica médica con la perspectiva de una visión holística que permita al
ser humano recuperar su salud en todos los aspectos de la misma.
2.
Que reconozcan y practiquen que el factor
educativo, permanente y progresivo tiene una función vital dentro del proceso
de atención.
3.
Que aprendan a comer, para que puedan orientar
eficazmente ese aspecto, no sigan repitiendo “coma sano” sin saber cómo
explicarlo individuadamente y efectivamente.
4.
Que reconozcan la importancia de la actividad
física en la rehabilitación de enfermedades.
5.
Que profundicen en los aspectos que debemos desarrollar para ser más
conscientes de la propia responsabilidad en el autocuidado, solo asi lo
podremos enseñar durante el acto médico.
Continuará...
Maracay.
21.08.2026

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